lunes, diciembre 19, 2005

García Márquez: ¡Menudo genio!

Cuenta Arsesio Escolar, director del gratuito 20 minutos, una historia que le ocurrió hace siete u ocho años, cuando era subdirector de El País y recibió un texto de García Márquez para publicarlo en la edición dominical del periódico.

Escolar revisó el texto y observó algunos errores gramaticales, por lo que decidió llamar al Nobel y consultarle para ver si los rectificaba. Parece que aquel día el autor de Cien años de soledad estaba de mal humor y no encajó bien las observaciones del periodista español. Así le respondió a su sugerencia: "Pues arréglame el primer error para que se sepa que sé usarlo y deja los otros cuatro porque se me pone en los cojones". Cosas de los genios.

Lee la historia completa aquí.

1 comentario:

Franmoro dijo...

Años de seguimiento político y de abrazar el amplio espectro que configura la deseable República de las Letras me llevaron a la conclusión de que es preciso separar la obra de un autor de su pensamiento o militancia política. Desgraciadamente eso no ocurre hodierno. Incluso hay quienes piensan, (y pueden que tengan razón) que una obra literaria, en cuanto prolongación de la vida real, trasladada al campo de la ciencia-ficción, imita comportamientos y pautas de pensamiento del propio autor, con lo que inexorablemente se identifica con la causa ideológica, social o política que más tarde relatará.

Ahora bien, esta diferenciación obra-persona no excluye un comentario crítico sobre la trayectoria humana de la segunda. Y en el caso del "maestro" García Márquez ésta no admite menos que el calificativo de miserable. Miserable por pontificar libertades, derechos humanos y tolerancia y luego proteger, defender e incluso aceptar la dictadura más longeva que existe en la faz de la Tierra. Su identificación con todas las crueldades que emite y omite el régimen cubano no sólo minusvalora su obra, alejando equivocadamente a jóvenes lectores de acercarse a ésta, sino que define el pensamiento liberticida de quién ha sido tratado como genio literario,pero que,ideologías sociales aparte, como persona alcanzaría el cargo de bufón de dictadores. La archiconocida Cien años de soledad o la menos publicitada pero más merecible El coronel no tiene quién la escriba vinculan una trayectoria a un líder de las palabras que ensombrece sus aptitudes con sus actitudes cotidianas. ¡Qué pena, la verdad!, pero la gerontocracia totalitaria es algo muy extendido en muchos "maestros" de las letras. En Memoria de mis putas tristes, Márqueza realiza una apología de la pederastia, siendo ensalzado por la crítica por ser quién es. El, resguardado en su caserón-mansión de La Habana, sigue hablando de pobres y ricos, mientras come caviar con su lider mesiánico. Encima, insolidario y algo jeta. Y esto no es diatriba ideológica, es realidad manifiesta. Que no abra más la boca este señor, qué se dedique a escribir, agache la cabeza y lea unos pocos más de tratados sobre la educación cívica. Quizá Zapatero deberia inscribirlo en alguna clase de Secundaria de esas que impulsarán en pocas fechas esa asignatura. Conociendo al "maestro", le dira que no "le sale de los cojones"