
El libro que refleja la historia de los 30 años del diario
El País incluye un apartado en el que una serie de personajes expresan sus críticas y elogios al periódico. Destaco aquí algunos reproches:
Montserrat Domínguez, periodista: "Echo de menos una actitud un poco más crítica cuando han gobernado los socialistas"
Juan Pedro Valentín, periodista: "... y lo peor, su endiosamiento, es poco humilde para aceptar que hay mundos distintos al que él decide que es el mundo por el que vale la pena apostar (...) Y a
El País se le ve demasiado satisfecho y cómodo con lo que tiene".
Agustín Díaz Yanes, director de cine: "Estáis un poco cerrados, tendríais que abriros más; a veces el periódico habla más de sus intereses que de los colectivos, y me irrita cuando se pone por encima del bien y del mal".
Juan Diego Botto, actor: "Faltan opiniones de gentes de mi generación. En Opinión y en Cultura. Sois muy veteranos, y a veces os perdéis cosas alternativas".
Estoy de acuerdo con todos ellos. Con el paso del tiempo, el periódico ha perdido frescura y se ha encastillado. Fue una referencia indiscutible para quienes nos iniciábamos en el mundo del periodismo, pero quizá creció demasiado y el éxito le hizo perder la perspectiva. Muchos y poderosos accionistas en un gran proyecto mediático, muchos intereseses y servidumbres que casan mal con el lema de su mancheta: Diario Independiente de la Mañana.
Fue un magnífico periódico pero ahora no lo es tanto. Tiene ante sí un reto: recuperar lectores jóvenes, renovar contenidos y adaptarse a los nuevos tiempos. No basta con incluir más fotos y más color. Habrá que darle un margen de confianza.